Este gobierno ha demostrado que indistintamente y en beneficio suyo y de sus empresas, refinancia y reestructura el presupuesto nacional, pero ha tenido que forzadamente tras una elección deshonrosa, asumir que toda la oposición tenía razón cuando pedíamos desde nuestros diferentes puntos de vista, la Emergencia Alimentaria.

La ley que se aprobó en esta sesión especial, después de 3 meses sin acciones de ningún tipo en la Cámara de Diputados de la Nación porque el Gobierno no llama a sesiones, trata de ponerle un freno a la caída social y a la urgencia que nos presenta un contexto con más del 50% de niños, niñas y adolescentes del país bajo la línea de pobreza. Por eso, y aunque como Protectora presenté un proyecto propio para tratar en el recinto, levanté la mano en pos de un bien mayor y común, que es el pueblo argentino pueda contar con alimentos en los espacios de contención que tiene históricamente debido a Estados ineficientes.

Nuestro voto ha planteado sus diferencias, y creo que no es malo distinguirlas. En principio, planteamos la necesidad de extender la emergencia hasta el final del 2020, con total consideración de que se extienda a más tiempo de ser necesario, pero, sobre todo, planteamos volver a los sistemas de consensos para la implementación de estas políticas. No podemos dejar a las provincias afuera de esto, porque el hambre se nota también en cada una de ellas. Por eso planteamos desde el artículo 4 en adelante, volver a un sistema de coordinación federal con control de los fondos por la Nación.

Pero también hay que entender que no son sólo los grupos vulnerables los que requieren de esta Emergencia. El problema alimentario no es algo aislado, no es solo de nuestros niños y niñas, embarazadas o adultos mayores. Sin dudas el mayor esfuerzo tiene que estar en ellos, pero no podemos dejar afuera al resto de la población. El nivel de pauperización es extremo y alcanza a gran parte de argentinos y argentinas.

La emergencia alimentaria se encuentra implementada desde el año 2002 y lo que falló, es que los distintos oficialismos le fueron sacando fondos. Si vamos a dejar librado esto al presupuesto que proponga el oficialismo y logremos aprobar, no vamos a lograr nada. Requerimos que la asignación presupuestaria esté atada a las retenciones, así como lo habían planteado desde el bloque del Frente para la Victoria, en el proyecto 3618-d-2019, propuesta que llamativamente hoy no está siendo contemplada por ellos mismos, ya que se limitan a aumentar la partida actual en un 50%.

Aunque hace tiempo que venimos planteando que el pueblo argentino está cansado de los ajustes, de la inflación, de la tasa de interés, del aumento de los servicios públicos, recién después de unas elecciones y masivas movilizaciones, que han sido además reprimidas, decidieron abrir este reciento y que votemos UNA ley a favor de los niños, niñas y adolescentes, de los trabajadores, de los jubilados y pensionados, de los consumidores.

Entonces es definitivo, llegó el momento de dejar de enviar partidas a los que más tienen, porque hay gente que no puede comer, que nunca tuvo un trabajo digno, que nunca tuvo un piso de cemento en su caso ni un baño con cloacas. Sus promesas han sido una mentira en cuestiones sociales y económicas, y nos ha dejado sin posibilidades de frenarlos porque nos vaciaron como poder legislativo.

Tenemos que trabajar para sacar adelante a una Argentina en ruinas, y no para un sueño primermundista internacional que nunca llega y deja a su paso el desabastecimiento, la inflación y la pobreza a la que nos llevó este gobierno. La urgencia es de ahora, y mi voto es consecuente con resolver las necesidades imperiosas de nuestros ciudadanos.